GABRIEL JAIME GARCÍA GARCÍA 05 de octubre de 2016 07:00 AM



Más de catorce colonias de corales en el arrecife de El Varadero se sincronizaron el jueves 16 de septiembre pasado para reproducirse.

El fenómeno, llamado desove coralino, ocurre de forma milimétrica una vez al año y es un claro ejemplo de la precisión de la naturaleza. El evento fue seguido de cerca por un grupo de investigadores liderados por Valeria Pizarro, de la Fundación Ecomares, apoyados por la Universidad Javeriana de Cali, la Universidad Estatal de Pensilvania (EE..UU.) y la empresa Ecorales.

Los investigadores estudian el comportamiento de los corales de la zona conocida de El Varadero, situada entre Bocachica y Barú, con el fin de comprender la influencia que sobre ellos han tenido las aguas del río Magdalena y las razones por las que, contrario a como ocurre con los arrecifes de las Islas del Rosario y Barú, se mantienen en buen estado.

Entender ese fenómeno permitirá a los científicos adoptar medidas para ayudar a la supervivencia de otros arrecifes que sufren por la contaminación y a presentar propuestas de conservación ante futuros proyectos que puedan afectar la vida de esos corales.

ENTENDER A LOS CORALES Los corales son animales que se reproducen sexualmente. Según la investigadora Valeria Pizarro, tienen dos formas de reproducirse y los que habitan las aguas cercanas a la bahía de Cartagena lo hacen liberando unas bolsas gaméticas (huevos) que contienen óvulos y esperma.

Esas bolsas gaméticas se encuentran en la superficie y empiezan un proceso de fertilización tras el que surgen unas larvas que hacen metamorfosis y se convierten en corales.

El proceso de desove, en el que se liberan los huevos, ocurre una sola vez al año y debido a la evolución de la especie ocurre seis días después de la luna llena de septiembre y entre 3 o 4 horas desde que se oculta el sol.

"Ellos tienen la forma de saber, desconocemos cómo, que en ese momento del año es cuando tienen que reproducirse para asegurar que se dé la producción de nuevos individuos", explica Pizarro. La bióloga marina Elvira Alvarado Chacón, que ha dedicado su carrera al estudio de los corales del Caribe colombiano, considera que la programación de las colonias para hacer el desove en ese momento específico se debe a que se juntan las condiciones para evitar que especies depredadoras de huevos y larvas eviten la reproducción. "Se realiza en uno de los meses más cálidos del año, en una noche con luna oscura en la que no se ve mucho. Se da un efecto que se llama saciación en el que se sacian los predadores, se sacian de la presa y entonces quedan unos pocos huevos y larvas para continuar su ciclo de vida y formar una comunidad grande”. Una vez formados, los corales se organizan en forma de colonias y arrecifes, que se convierten en barreras protectoras, generadoras de arena blanca y aguas cristalinas durante cientos de años.

Alvarado Chacón explica que cada año las especies coralinas crecen un centímetro y 16 milímetros, por lo que su proceso de conformación de colonias grandes puede tardar entre 300 y 400 años.

Según Federico Botero, gerente de la empresa Ecoral, la barrera de corales de El Varadero puede llegar a tener más de 100 mil años de existencia. Cuenta que antes de que se ampliara la influencia del Canal del Dique en la bahía había más de 180 hectáreas de corales que mantenían el color de las aguas similares a las de las Islas del Rosario o de Barú. Pero con el sedimento esos corales desaparecieron.

SOBREVIVIENTES AL DIQUE

Lo que llamó la atención de los investigadores es la capacidad que parecen tener los corales de El Varadero para sobrevivir y reproducirse a pesar de la contaminación. Esa contaminación acabó con las colonias que había dentro de la bahía y, aparentemente, afectó también a parte de los arrecifes de Islas del Rosario y Barú. "Fuimos a El Varadero porque allí están unos arrecifes increíbles, que a juicio de los investigadores son los que están en mejor estado en todo el Caribe, incluso mejor que los de San Andrés", explica Botero.

"Surge la pregunta de por qué están tan bien esos corales sabiendo que están recibiendo la influencia del Canal del Dique, cargado de sedimentos y de metales pesados, y de la bahía de Cartagena que tampoco es que tenga las mejores condiciones de agua", añadió.

Para los investigadores, el tamaño de las colonias en El Varadero son más grandes de lo que podría esperarse en ese entorno y la producción de huevos es tan significativa que se cree que podrían alimentar a los arrecifes más cercanos, como los de Barú e Islas del Rosario.

Para evidenciar la influencia de la contaminación en la capacidad de reproducción de los corales, Valeria Pizarro, y su equipo de investigación, realizaron dos experimentos. Primero usaron agua filtrada y esterilizada para criar embriones y luego lo intentaron con agua sin tratar.

En el primer intento los embriones realizaron su evolución sin problemas, mientras que en el segundo se murieron rápidamente.

Entre las razones que, según los expertos, podrían explicar la conservación de los corales en El Varadero están las corrientes marinas que vienen del sur, conocidas como contracorriente del Caribe o Corriente de Panamá, y que impiden que el sedimento del Canal del Dique llegue hasta ese sector.

La Contracorriente del Caribe es la responsable de frenar el desplazamiento de arenas del río Magdalena que se producen por la deriva litoral y, entre otras cosas, explica la diferencia de arenas que hay en playas como las de Bocagrande -conformadas por arena de río- y las de Barú -arena blanca-. Para la bióloga Elvira Alvarado, la importancia de esas corrientes está en que funcionan como lavadoras naturales de los corales, pues arrastran la suciedad que llega hasta allí, y evitan que se ahoguen en el sedimento.

CAMBIO DE MENTALIDAD

"El cuerpo de agua de Cartagena hace parte del patrimonio histórico de la humanidad junto con la ciudad. Entonces es importante que nos reconectemos con la bahía y que seamos capaces de pensar en su recuperación. Puede que no volvamos a ver las especies de corales que la bahía tenía antes porque estos corales tienen más de 400 años de edad y la formación de esas barreras arrecifales pueden tener entre 5 mil a 100 mil años, pero si se procurara por no impactar negativamente este cuerpo de agua sería una ganancia gigantesca no solo para el país sino para la humanidad", apunta Federico Botero.

Las investigaciones que se adelantan sobre los corales pretenden explicar de mejor forma la importancia que tienen en las diferentes facetas del acontecer de la ciudad, desde lo ambiental, lo climático, lo económico y como atractivo turístico. Ese sería un paso importante para que se logre un cambio de mentalidad en el que se incluya la conservación y restauración de esta especie animal en los planes de desarrollo de la ciudad, que además es un eslabón importante para la supervivencia de las comunidades pesqueras de poblaciones como Bocachica, Caño del Loro, Tierrabomba, etc.

Los investigadores hacen énfasis en la necesidad de adoptar una cultura de desarrollo sostenible en Cartagena teniendo en cuenta el proyecto para crear un segundo canal para el ingreso y salida de embarcaciones a la bahía, que podría afectar a los arrecifes de El Varadero.

"Los arrecifes hacen parte de la estructura natural que es vital para la ciudad. Entonces cuando se habla de construir un canal que puede afectar varias hectáreas de arrecife o que tenga que remover más de 10 mil colonias, tenemos que preguntarnos no solo por la viabilidad del corto plazo de estas obras sino también por la del largo plazo, porque estamos hablando del daño a una barrera que puede tener más de 5 mil años y que protege a la bahía de Cartagena", puntualiza Botero. "Yo creo que hay que trabajar de la mano con el Gobierno, los portuarios e interesados en estos desarrollos y plantear que se hagan proyectos que tengan menos impacto ambiental. Considerar alternativas como el canal entre Tierrabomba y Bocagrande y no hacerlo sobre un arrecife que puede ser la clave para la conservación de todos los arrecifes de la región. No es decir no al desarrollo, sino hacerlo de una forma sostenible y no pensando solo en el interés económico ni la forma de hacerlo más barato sin pensar en el futuro", añade la investigadora Valeria Pizarro.

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  • Juan Márquez

EL UNIVERSAL

22 de septiembre de 2016 01:03 PM




Por: Federico Botero J. CEO Ecoral

Esta noche nos sumergiremos en la bahía coralina extendida de Cartagena, que se sale con sus arrecifes de los límites que normalmente le ponemos a la superficie de ese cuerpo de agua en Bocachica, para documentar un espectáculo de la naturaleza en el Varadero: el desove de corales. ¡Sí, los corales son animales y ponen huevos! En esta parte del Caribe, este evento ocurre seis días después de la luna llena de septiembre (generalmente), tres horas después de que cae el sol. En ese momento, en un acto de sincronía espectacular, al que además se suman otras especies, las colonias de coral más importantes en la formación de arrecifes sueltan unas bolsas gaméticas con huevos y esperma para iniciar la reproducción sexual, con la salvedad de que no se pueden mezclar entre sí los de la misma bolsa, sino con sus contrapartes del vecindario. De los millones de huevos que liberan los corales, sólo una pequeña fracción logra ser fecundada, lo que ocurre en la superficie. De los huevos fecundados, un porcentaje todavía menor viajará en la corriente hasta fijarse en fondo, en un sustrato apto, para empezar a hacer parte del arrecife.

Este año veremos este espectáculo con un grupo de expertos que estudian esos arrecifes que le quedan a la bahía coralina de Cartagena, en el Varadero. El estudio está liderado por investigadores colombianos, expertos en corales y arrecifes: Valeria Pizarro, Ph.D. (Fundación Ecomares), Mateo López Victoria, Ph.D. (Pontificia Universidad Javeriana) y Mónica Medina, Ph.D. (Pennsylvania State University); e investigadores extranjeros: Roberto Iglesias, Ph.D. y Joe Pollock, Ph.D. (ambos de Pennsylvania State University). Este estudio es el resultado de unas investigaciones que ya produjeron una publicación en una revista de alto prestigio científico e impacto, que resalta la importancia de estudiar estos arrecifes para entender por qué están tan bien, considerando las presiones a las que están sometidos, entre otros, provenientes de los sedimentos y aguas cargadas de nutrientes que llegan a la bahía a través del Canal del Dique.


Este arrecife coralino entre Bocachica y Barú tiene casi dos kilómetros de largo, con un ancho entre los 500 y los 1.000 metros, conectándose al sur con los arrecifes de Barú, a su vez conectados ecológicamente con los arrecifes de las Islas del Rosario, uno de los atractivos naturales de Cartagena de Indias, reconocida mundialmente por su patrimonio histórico y natural.


Estos arrecifes de la bahía de Cartagena han resistido la condición de las aguas de la bahía y las presiones de una extracción insostenible de recursos pesqueros, pero ahora enfrentan una nueva amenaza ante a la que es difícil pronosticar cuál será su impacto: construir un nuevo canal de acceso para la bahía de Cartagena, con un trazado para el que se tendrán que destruir cerca de 10 mil colonias de coral, entre otras especies asociadas. Destruir un arrecife de franja estaría prohibida en otras latitudes, esta información se le presentó a funcionarios del ANLA, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, empresarios, comunidades, entre otros grupos e interés de la ciudad, el 15 de julio de 2016, en una reunión en la Alcaldía de Cartagena con el Alcalde, donde también se presentó el Plan de Cambio Climático de la Ciudad: Plan 4C. Es importante resaltar que estamos hablando de la primera muralla que ha protegido a Cartagena, con una edad entre los 5 mil años a los 100 mil años, con colonias de corales vivos con más de 400 años de edad, así que estos corales han sido testigos del paso de las embarcaciones de Blas de Leso, de Bolívar y hasta de Humboldt!


Con esta incertidumbre sobre el futuro de los últimos arrecifes que le quedan a la bahía de Cartagena, nos sumergiremos entonces para documentar su reproducción. Nuestro objetivo será entregarle un documental corto a la Ciudad, que invite a formular las siguientes preguntas: ¿Cartagena necesita ese nuevo canal? En caso afirmativo, ¿Es el lugar para hacerlo? ¿Estamos haciendo una evaluación responsable de las consecuencias? ¿Se cuenta con la información necesaria? ¿Se ha tenido en cuenta a la academia? ¿Es una acción coherente con esa visión compartida de una Cartagena Competitiva y Compatible con el Clima?






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  • Juan Márquez

Con esa premisa se creó hace cinco años Ecoral, una compañía paisa que brinda asesoría a las empresas privadas para que sepan cómo aprovechar los recursos naturales y estar en armonía con el medio ambiente.

Mary Luz Avendaño / Medellín

Federico Botero, gerente y fundador de Ecoral. / Luis Benavides


Federico Botero, un joven abogado de Medellín, trabajó en una prestigiosa firma durante cinco años. Pese a estar ejerciendo su carrera, sentía que algo no estaba bien, que faltaba un ingrediente en su vida. Junto a sus amigos comenzó a madurar la idea de crear su propia empresa. “Teníamos varios puntos en común a lo largo de nuestras vidas: la pasión por el mar, por el medio ambiente, y las ganas de cambiar el entorno. De esos propósitos nació Ecoral y se volvió una empresa donde no sólo encontramos una oportunidad económica sino una satisfacción personal”.


Fueron tantas las ganas de sacar adelante el proyecto que renunció a su trabajo para dedicarse de tiempo completo a mostrar su idea: vender servicios que apuntaran a la conservación de ecosistemas y un modelo de negocios basado en el capital natural. Pero ¿cómo creerle a un abogado hablando de medio ambiente? Esa era una dificultad que los cinco socios de la empresa entendieron, pues son abogados, documentalistas y financieros.

Con esa preocupación nació la idea de acercar a los que saben a quienes los necesitan, acortar la brecha entre dos mundos: el ambiental y el empresarial. Dependiendo de las necesidades de una compañía, Ecoral contacta a los expertos competentes para que estudien, por ejemplo, el lugar donde van a desarrollar el proyecto, y le aclaren a la empresa los impactos ambientales que eso puede generar y los beneficios que puede obtener de ese ecosistema.


Botero y sus amigos pensaron que hacer empresa era sencillo y que en tres meses iban a estar “vendiendo servicios por montón”. Pasaron cuatro años antes de lograr su primer contrato y debieron recorrer un camino de formación y darse a conocer. Para ello contaron en principio con el apoyo de Proantioquia; gracias a un programa de mentorías empresariales conocieron a quien los ayudaría a madurar la idea. “Le presentamos nuestro modelo de negocio a Carlos Enrique Piedrahíta, que era presidente de Nutresa. Él es buzo, le gusta el mar y es velerista. Eso era importante para nosotros. Nos acompañó cerca de un año”.

Gracias a él conocieron al director de Cecode (Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible), que agrupa todas las empresas del país comprometidas con la sostenibilidad, y luego al presidente del Grupo Argos, que sería su primer cliente. Un equipo de más de 30 expertos nacionales e internacionales de las universidades Eafit, los Andes y de Texas (EE.UU.).

“Somos conscientes de que para lograr un cambio en el modelo de desarrollo tenemos que trabajar desde adentro mismo de la economía, y por eso decidimos convertirnos en empresa y proponer un modelo de negocios que no resaltara sólo los impactos ambientales, sino también las oportunidades de conservar el capital natural”, explica orgulloso Federico Botero, gerente y fundador de Ecoral.

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